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La navidad.

Pese a las grandes campañas de concienciación, en navidad el consumo y el despilfarro suben hasta unos límites intolerables y que terminan generando toneladas de basura.

Mientras el consumo en muchos hogares se dispara, en otros se carece de lo más básico. Mientras una niña de occidente juega con cuatro muñecas, hay otra en el tercer mundo que está haciendo cuarenta muñecas al día.

Debemos llevar a la práctica todos los consejos citados en el artículo de la ecología en casa, debemos darnos cuenta que no seremos más felices comprando más, por mucho que los anuncios nos quieran hacer ver lo contrario.

Los árboles de navidad:

La costumbre importada de colocar abetos, y otras pináceas, en los hogares en las fechas navideñas en modo alguno justifica la muerte de un árbol. Los abetos aún con cepellón, tras su estancia en una casa, tienen escasas posibilidades de supervivencia.

Los abetos artificiales, aunque pueden utilizarse más años, son en su mayoría de plástico y terminan también en el vertedero o en la incineradora (dioxinas).

Llama la atención que haya viveros dedicados exclusivamente a la producción de árboles de usar y tirar (alrededor de 2.000.000 al año), en un país erosionado y con graves riesgos de desertificación. Además en cuanto a sus efectos beneficiosos por la fijación de dióxido de carbono CO2, principal responsable del cambio climático, de los árboles de Navidad de vivero, no supone realmente ningún beneficio ya que el carbono fijado vuelve al medio trás la muerte del árbol. Así mismo, su cultivo intensivo utiliza grandes cantidades de fertilizantes, pesticidas...

Otros adornos navideños suponen tambien otros impactos:

Los acebos tienen un gran valor ecológico pues, en el invierno especialmente, suministran refugio y alimento a especies de la fauna silvestre. La utilización ornamental en Navidad de sus ramas fructificadas ha conducido a que se encuentre en grave peligro de desaparición.

Los musgos, que crecen sobre rocas, suelos y cortezas de árboles contribuyen a la formación y conservación de los suelos, retienen gran cantidad de agua, creando un microambiente favorable para la germinación de semillas. Aunque carecen de protección legal, ello no debe ser motivo para destruirlos para adornar el Belén o la base de los árboles de Navidad; como alternativa, utiliza hojas secas.

Por último, la fiebre consumista ha llegado a otras especies vegetales, como los ruscos o el muérdago, que están siendo recolectadas de forma insostenible.

Fuente: Ecologistas en Acción